“Durante mucho tiempo, los homosexuales, lesbianas, trasgénericos y bisexuales hubieron de vivir y morir ocultando su diferencia, soportando en silencio persecuciones, desprecios, humillaciones, extorciones, chantajes, insultos, golpes y asesinatos.

Lo diferente tuvo que soportar el ser reducido en su calidad humana por el simple hecho de no ser según una normalidad sexual inexistente, pero fingida y convertida en bandera de intolerancia y segregación. Víctimas en todos los niveles sociales, objetos de chistes, chismes, insultos yu muertes, los diferentes en su preferencia sexual callaron una de las injusticias más antigûas de la historia.

No más(…) Nada hay que esconder. Ni preferencia sexual ni la rabia por la impotencia ante la incomprensión de un gobierno y un sector de la sociedad que piensa que todo lo que no es como ellos es anormal y grotesco.

¿De qué tienen que avergonzarse lesbianas, homosexuales, transgenéricos y bisexuales?

¡Que se avergûenzen quienes roban y matan impunemente siendo gobierno!

¡Que se avergûenzen quienes persiguen la diferencia!”

Me llamo Darwin Pereyra y soy una persona descendiente de indígenas, disidente sexual y gorda, y fea y que convive con el VIH desde hace más de seis años. Cuando me dieron el diagnóstico positivo sobre mi condición serológica sentí miedo, arrastrada por mi desconocimiento y mi ignorancia en el tema desfallecí de tristeza y de llanto, de temor y de incertidumbre. Una persona joven como yo se enfrentaba a un mundo completamente hasta ese entonces desconocido, me sentía en el borde de un precipicio, pensé muchas veces en el suicidio como la salida para todo este maremoto de desesperación que se abalanzaban sobre mí; esa mañana morí y nací al mismo tiempo. A parte de sufrir el estigma y la discriminación por mi disidencia sexual abiertamente se sumaba mi condición cerológica. Hoy a tiempo que sigo más viva que nunca. He tomado consciencia y aprendido que el VIH no me reduce a eso nada más. Soy yo, una joven activista por los Derechos Humanos; soy yo, poeta y cronista urbana de arrabal, soy yo, un mampo que se enamora perdidamente de su actual compañero de vida; soy yo el hijo, o la hija, la hermana, el primo o la amiga. La estudiante, y la trabajadora, la que hace el aseo  los fines de semana y toma su atripla por las noches. Hoy estoy viva, aquí, compartiendo la alegría de saberme doble, atriplamente vida. Hoy soy la voz que habla en  nombre de esas vidas que ya no están, que perduran solo en la memoria de quienes sostienen el recuerdo de quienes fueron seres queridxs, quiero agradecer a mis hermanas y hermanxs de Alianza+. Quienes compartimos horas que sabemos irrecuperables y preciosas con amigos, colegas, amantes, seres humanos que el VIH/sida nos arrebató, comprendemos en otra dimensión cada una de estas palabras. Esa estadística no está en ningún libro: no sabremos nunca, tal vez, cuántos de los millones de mexicanos que palpitamos a esta misma hora en el país hemos perdido a un ser que quisimos de una manera especial bajo los efectos de la pandemia. Y tal vez, tampoco sabremos cuántos, ahora mismo, comparten otro día más con alguien que lucha contra la muerte, porque el VIH ya no es sinónimo de muerte y busca apoyo en quienes lo estiman y rodean.

Por encima del miedo que muchos jóvenes podemos sentir ante ese fantasma que debilita, desfigura, marca y deshace existencias que nos son preciosas; por encima de la falsa seguridad con la que muchos se imaginan invulnerables ante el virus; por encima de la homofobia, de la discriminación, estamos junto a esas personas, siendo parte de sus historias más estremecedoras y sencillas. Alguien habrá que las recoja y haga de ellos algo más que una página privada. Como lo ha hecho y seguirá haciendo Alianza +. Para que también esos momentos sean, en la batalla contra la ignorancia, el temor y la indiferencia, armas provechosas en contra del silencio.

Después de que Ricardo Serna Hernandez de 23 años de edad, un chico abiertamente gay fuera asesinado brutalmente en mayo del 2013 en Tapachula, Chiapas, solo se realizó dos manifestaciones en protesta. Y asistieron solo los deudos y amistades, y algunxs activistas, participaron en la misma. Cuando el 20 de abril de este año Freddie Gray “falleció en condición muy sospechosas” mientras era custodiado por policías blancos de la ciudad de Baltimore, Maryland, los afroamericanos se manifestaron en el barrio, en bandadas, movidos por la indignación; hubieron disturbios por todo el condado, tantos, que el gobernador de esa entidad tuvo que declarar Estado de emergencia y solicitar las Fuerzas Nacionales. Una persona negra fue asesinada porque era negra, y la gente de color reconoció este hecho y actúo en consecuencia. La agresión contra Freddie iba dirigida a una persona de color, cualquier persona de color. ¿Creen la mayoría de lesbianas, bisexuales, gays y trans que el cinturón que sirvió como arma homicida iba dirigida contra Ricardo nada más? ¿Creen que lo que le pasó a Ricardo es un hecho aislado? Somos odiados, entiéndanlo, como maricas, por nuestra condición cerológica por nuestra condición sexual y nuestra expresión de género, son las razones que nos hacen blancos de ataques de cualquier tipo. Nuestra diferencia, nuestra otredad, nuestra condición única pueden politizarnos. Afortunadamente, la mayoría de nosotras no dejaremos que nos maten tan fácilmente.

Quiero decirles a ustedes mis hermanas y hermanos. Que no se desanimen. La lucha es permanente y cotidiana. Porque las personas que nos discriminan, que nos violentan son víctimas de la ignorancia y de la intolerancia. No saben que somos personas diversas. Tenemos derecho a ser diversas. Y esta diversidad debe ser asumida diariamente porque es parte de nuestra identidad.

Yo me siento orgullosx de ser mampo, de ser indígena, de ser gordx, asumo plenamente mi condición de portador del virus; porque al final soy una persona. Quiero decirles a ustedes que levante la cabeza, porque solo cuando nos juntamos, solo cuando tomamos conciencia de que la única arma que tenemos es la visibilización.  Es asumiendo cada día más nuestra diversidad, nuestra identidad sexual. Y ellos, las personas homofóbicas, cerofóbicas tendrán que aprender que cualquier forma de amar vale la pena y la alegría. Y que no hacemos nada equivocado, tenemos nuestras vidas, nuestros sueños, nuestros proyectos. Si queremos lograr las metas del 90% de los diagnósticos oportunos de VIH, y que estas personas tengan acceso a un tratamiento antirretrovírico, la carga viral de las personas de manera indetectable y los diagnósticos tardíos, y así reducir la epidemia del VIH en Latinoamérica y el Caribe para 2030 tendremos que trabajar hombro con hombro, desde la corresponsabilidad sociedad civil-gobierno, y jóvenes visibles que vivimos con VIH.   El mundo camina hoy para otro momento de mayor libertad y respeto en donde debemos asumir cada vez más nuestra diversidad. Porque cada vez estamos gritando con más fuerza y desde todos los rincones del mundo y un día no muy lejano podremos hacer realidad las palabras del célebre activista del “Act Up” Vito Russo pronunciadas en 1998:

“Algún día, la crisis del SIDA habrá acabado. Recordadlo. Y cuando ese día llegue –cuando ese día llegue y pase, habrá gente viva sobre la tierra–, homo y heterosexuales, hombres y mujeres, negrxs y blancxs, que escuchen la historia de esa enfermedad terrible que se extendió un día en este país y en todo el mundo, sabrán que un grupo de valientes se levantaron y lucharon y, en algunos casos, dieron la vida para que otras personas pudieran vivir y ser libres. Así que estoy orgullosa de estar con mis amigxs hoy y con la gente a la que quiero, porque creo que todxs vosotrxs sois mis héroes, y estoy orgullosa de formar parte de esta lucha. Pero tomo prestada una frase de una canción de Michael Callen: todo lo que tenemos ahora es amor, lo que no tenemos es tiempo.” No se desanimen, vamos gritando en voz alta y juntos para que todx el mundo nos escuche. Sí podemos camaradas.