¿Qué fundamenta la confianza y la legitimidad para votar candidatos? ¿Qué legitima la confianza y la legitimidad de una elección? En este año el proceso involucra un total de 2,159 cargos de elección popular: 500 a nivel federal y 1,659 posiciones locales en 17 estados.

¿A quién favoreció pasadas las elecciones, la oferta política dado el hartazgo ciudadano por la corrupción y las malas administraciones en todo el país? ¿A ciudadanos, partidos o a candidatos? Sumémosle el costo del proceso electoral. ¿Cuál es el saldo?

Veamos qué conclusiones toma el lector ante este escenario:

Se privilegiaron los ataques y campañas negras entre candidatos a los distintos puestos, muchos para efecto de no evidenciar sus lazos con los gobiernos y partidos que los impulsaron, la otra: la falta de propuesta y presupuestos que habrían de soportar los planes de gobierno que se pusieron a consideración de los ciudadanos; la solución a los grandes problemas de cada región del país en muchos casos brillaron por su ausencia. Estas elecciones fueron las más lejanas al ciudadano, votante que buscó hasta el último momento analizar su apoyo a la persona, no al partido, que intentó en algunos casos de manera infructuosa refrendar el privilegio que se les confirió, pero que no se pudo sostener por no saber mantener el apoyo popular, llámese: mal desempeño.

Los procesos de selección de partidos en algunos casos, reflejaron los enjuagues de cúpulas y élites decididos por mantener los privilegios y proyectos de grupo y no el interés y derechos de los votantes. En esa tesitura, observamos cómo algunos partidos coptaron a deportistas, gentes del medio artístico y en un estado del norte: “un ciudadano”, que ganó la gubernatura de Nuevo León, pero que al final del proceso, salió a relucir su pasado revolucionario, que nada tiene de vergonzoso, al contrario: evidenció que sabe cuáles son las fallas del sistema político y dio el paso a ojos vendados buscando el apoyo popular y lo obtuvo.

Por primera vez el país tiene un gobernador emanado de la ciudadanía, no de partidos; habrá que ver su desempeño, dado que no tiene margen de maniobra en el congreso de su estado por no tener mayoría, y también tiene por otra parte: tendrá facilidad de lograr acuerdos debido a que no tiene compromisos con partidos; los cuáles buscarán seguramente dar el zarpazo para ganarle a sus contrincantes dicho privilegio y lograr espacios de poder.

Lo que el ciudadano salió a buscar hace unos días al ir a votar, fue la necesidad de buscar mejores diputados locales, mejores alcaldes, regidores, síndicos y miembros de la Cámara de Diputados, que respondan a sus expectativas, en lo personal, no de partidos. Esta ocasión es la mejor para quienes fueron electos, para que demuestren que no se equivocaron quienes les confirieron su mandato; los ciudadanos vigilan, redes sociales están atentas a desempeños de todos y cada uno.

Otro saldo que está pendiente, son los relevos de gobiernos, de los cuáles se derivan consecuencias de buenas o malas administraciones; la gente busca con justicia se castigue a quienes defraudaron la confianza, y se proceda hasta las últimas consecuencias; este escenario, sigue latente, veamos en que termina en todo el país: ciudad por ciudad, estado por estado.

En otra tesitura: en este proceso electoral salieron a buscar el voto ciudadano los candidatos independientes, la bandera de todos: cambiar al sistema político por la corrupción latente de que es objeto en los gobiernos, sean del partido que sean. Algunos como un “morelense” y futbolista obtuvieron el apoyo popular para una alcaldía; no tienen experiencia de gobierno alguna, esperamos se rodeen de gente capaz y no de gente que ha saqueado y obtenido beneficios personales o de grupo al amparo del poder.

El saldo que arrojaron estas elecciones también nos pone en atención a tribunales, que es donde se definen las disputas por incompatibilidad de criterios a la hora de reconocer o aceptar una derrota electoral; mayormente es en ayuntamientos y diputaciones, ya sea, a nivel local ò federal. No es privativo de este proceso, en toda elección se observa la inconformidad y frustración de muchos; a nadie le gusta perder privilegios; a la hora del triunfo todos quieren; es difícil aceptar que los ciudadanos rechazan el autoritarismo y también el abuso de poder que se ejerce contra ellos; consecuencia natural de políticos que no reconocen que un mandato es la confianza ciudadana depositada para administrar de manera temporal, los recursos y el bienestar de todos. Ante este escenario, muchos habrán de replantearse cuál será su siguiente oficio, arte o profesión; o si aceptan seguir adelante en un sinuoso camino marcado por la desafección o el rechazo de la gente.

Redes sociales, fueron en alguna medida factor para enterrar las pretensiones del autoritarismo, compadrazgos, y viejas prácticas; también evidenciaron falta de compromiso real para ofertar de manera concreta, debido a ello, la gente decidió sumarse al clamor general y aplastar en muchos estados a quienes no supieron interpretar la voluntad de los patrones de los políticos: LOS CIUDADANOS.

Lo más importante: fue un proceso pacífico, responsable: ¡de todos! Pese a quienes determinaron de mutuo propio desacreditar a la autoridad electoral con maniobras ilegales, no lo lograron. La gente salió a votar y se logró el objetivo de elegir a quienes los ciudadanos consideraron idóneos para lograr la transformación y marcha del país.

Este proceso fue un ejercicio democrático, pero sobre todo: ciudadano. Se cobraron facturas, y también se evidenció que la ciudadanía ya no regala su apoyo de manera ciega, a sabiendas de que son cheques en blanco para quienes son electos. Personajes electos, mujeres y hombres, deberán demostrar con trabajo honesto y pulcro, que hacen lo correcto y que la ciudadanía a futuro puede, si quiere, refrendarles el apoyo para otros cargos.

 

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