HISTORIA DEL POSIBLE FUTURO

 El pasado

 Concluyendo tres siglos de colonización, ya con un régimen desgastado, y aprovechando la débil situación de la corona española, la aristocracia (formada por criollos y algunos europeos) vio la oportunidad de independizarse de la casa matiz, de la madre patria, y así quedarse como dueña de la Nueva España, sin tener que rendir tributo al rey español. Por otro lado, algunos cuantos súbditos y soldados, fieles al rey, elaboraron una estrategia para formar un ejército que se opusiera al de estos ricos dirigentes. Ignacio Allende convenció a Miguel Hidalgo y entrambos a otros, e inició una guerra que duró once largos años. Con miles de muertes que incluían la de todos y cada uno de los líderes del movimiento, un general de las fuerzas de la aristocracia entró triunfante a la ciudad de México, enarbolando una nueva bandera, diferente y ajena a la española. Al poco tiempo, este mismo general fue proclamado emperador y la aristocracia se reacomodó en sus poltronas. Habían ganado la guerra y logrado su objetivo. El rey español perdía todas sus posesiones en la Nueva España y la aristocracia se las repartía, al tiempo que reinventaba la historia y escribía un cuento que enseñar a los niños: los insurgentes muertos habían ganado la guerra, logrado la independencia y el nacimiento de una nueva nación.

Me he dado cuenta que para algunas personas, la palabra “aristocracia” les refiere imágenes de franceses o ingleses refinados y cultos. Por lo tanto, creo conveniente aclarar que no es así. Literalmente, la palabra hace alusión al gobierno de pequeños grupos (“los menos” –decía Aristóteles) sobre la grandes masas (“los más”). Si bien son entendibles esas imágenes de las cortes monárquicas inglesas y francesas, subrayemos que su característica no es el refinamiento de Versalles, sino el hecho de ser pocos que viven con opulentos lujos a costa de la mayoría. Tenemos más que comprobado que estos personajes no tienen que pertenecer a “la nobleza”, y pueden ser sumamente burdos, incultos y de mal gusto. Conservemos la imagen de pequeños grupos ostentando el poder y gobernando sobre las vidas de todo un pueblo.

Durante el siglo posterior al evento descrito, el ya reducido grupo de aristócratas formaba grupos más pequeños a su interior para disputarse entre ellos el poder y beneficiar a sus familiares, amigos y compadres. Alianzas de unos grupos para enfrentar a otros y colocar al dictador en turno, según su conveniencia material e inmediata. Eventualmente, cuando el tiempo hubo madurado, un ciudadano con estudios le propuso al dictador en turno la idea de la democracia. Éste no supo ver en ella su propia conveniencia y, sobre todo, no logró olfatear el aroma que anunciaba el inicio de la putrefacción del sistema político. Era necesario un cambio.

Cuando el tiempo es propicio surgen las coincidencias.  Difícilmente las ideas se le ocurren a una sola persona y si esto ocurriera, nada pasaría. Los cambios requieren de la confluencia de ideas complementarias y circunstancias adecuadas. El descontento con el sistema existía en todas las latitudes del país. La propuesta democrática pronto se convirtió en un plan apoyado por los que veían en el gobierno al enemigo común y complementado con la lucha contra la aristocracia en el sur. Nuevamente estalló una lucha fratricida que mató a un tercio de la población. En esta ocasión sí gano la insurgencia. Los ejércitos de Villa y Zapata entraron triunfantes a la ciudad de México. Meses después Madero era electo presidente por una abrumadora mayoría. A los pequeños grupos de poder les tomó poco más de un año deshacerse de este demócrata y volver a colocar en el poder a sus convenientes. Los siguientes seis años vieron ocho diferentes presidentes. Hasta que llegó Calles por favoritismo de Obregón; mató católicos porque decía que la iglesia tenía mucho poder, combatió al revolucionario Villa y fundó un partido que llamó “revolucionario”. Con éste institucionalizó lo que hasta hoy conocemos como “clase política”, una “nueva” aristocracia, con sus propios grupos y reglas. Los menos, viviendo a expensas de la mayoría.

Todavía me encuentro gente que cree que el PRI hizo la revolución o que es el verdadero representante y defensor de la misma; que posee sus principios y lucha por lo mismo que lucharon revolucionarios como Madero, Villa y Zapata. Por supuesto, no hay nada más lejos de la verdad. Eso es sólo el cuento que se le ha enseñado al pueblo.

No era posible simular la democracia con un solo partido, así que fue estratégico el crear pequeños partidos satélites que no causarían problemas. Todos viviendo a expensas del pueblo.

Algunos hombres honestos y educados, de la talla de Manuel Gómez Morín, reaccionaron ante esta nueva forma de dictadura y, al igual que Madero en su tiempo, enarbolaron la democracia en oposición al presidencialismo dictatorial. Con doctrina humanista y el aprendizaje de las dos guerras anteriores, que solo produjeron muerte en la población y nuevas formas en la aristocracia, decidieron luchar dentro de la legalidad. Hombres y mujeres se les unieron y lucharon, muchos de ellos con honestidad y valentía. Poco a poco fueron ganando plazas y por fin, en el año 2,000 se alcanzó la presidencia. La revolución había logrado la victoria… o al menos eso creímos. Pero la historia se repite. La democracia no tuvo oportunidad de establecerse; de realizar las reformas pertinentes. Construir es un proceso lento, complejo y delicado; siempre es más rápida y simple la destrucción. La dictadura se reinstaló a sólo dos períodos presidenciales de distancia y de inmediato reestableció la ley mordaza. La oposición había sido infiltrada y  traicionada; su partido tomó formas del partido dictatorial, se olvidó de “una vida mejor y más digna para todos” y fue asimilado en el sistema satelital de partidos. Los partidos que gobiernan. La clase gobernante, los políticos, los menos, la aristocracia que gobierna en forma de partidocracia.

 

El presente

 Así es. México sigue gobernado por una aristocracia organizada en partidos políticos desde hace casi un siglo. Aún dentro de los partidos hay clases: los militantes soportan a los dirigentes con sus acciones y sus cuotas, mientras los dirigentes reciben grandes cantidades de dinero y lo deciden todo. Deciden cosas como desde quien va a ser candidato u ocupar tal puesto político, hasta qué leyes o reformas se deben apoyar y cuáles bloquear. A través de los diputados deciden cuál debe ser el salario de los trabajadores y cuál el de ellos mismos, los políticos. Son vividores del sistema.

 El que unos pocos decidan la dirección de muchos no nos asombra ni preocupa. Es, de hecho, lo normal. Eso sucede en las familias, escuelas y empresas. El problema es que no se trata de ninguna de esas, sino de comunidades, pueblos, estados. Aún en las familias, en las escuelas y en las empresas privadas, es conveniente que las autoridades escuchen y tomen en cuenta a los que pretenden dirigir, con más razón cuando éstos son los dueños y verdaderas autoridades…los clientes, beneficiarios y la razón de ser.

 El gobierno de partidos políticos, la partidocracia, es perverso de origen porque así fue diseñado. Los políticos actuales sólo se dedican a robar y engañar; a engañar y robar. No tienen ni el menor interés en trabajar para “una vida mejor y más digna para todos”. Sólo se enriquecen desmesuradamente para sus mansiones, sus lujos, y su retiro, mientras el pueblo transita sobre calles sin pavimentar y carece de dignos servicios de educación, alumbrado, limpieza, drenaje, etc. No tienen que rendir cuentas; solo mentir convincentemente; decirle a la gente lo que ésta quiere oír. Ordenan, deciden, mandan, dirigen, gobiernan, a sus patrones que los contrataron y pagan.

 Debo aclarar aquí que nunca he dicho que el PRI y el PAN sean lo mismo. No pueden serlo, como ninguno de los otros partidos.

 El PRI nació (entonces PNR) con el sello de la personalidad de Elías Calles y con el claro propósito de ostentar el poder, por el poder mismo. Con cinismo y desdén; despreciando al pueblo, a quien explota y controla. Sin más doctrina que la de valerse de todos y cualquier medio a su alcance para lograr su propósito, está dispuesto a mentir, robar y matar. Su método es decir a todos lo que quieren oír, para después repartirse el botín entre los que lograron negociar su parte. Así nació y así ha sido hasta el día de hoy. Todo sabido y nada que esperar. Lo raro es que haya gente que siga votando por este partido. Imagino tres posibles grupos de gente:

 El primer grupo es el que es o cree ser directamente beneficiado por este partido, en el corto plazo. Estos son los que personalmente o por familiar pertenecen al partido o trabajan con, por y para él. Estas personas tienen problemas éticos y morales, porque están prefiriendo su beneficio al de la mayoría y están dispuestos a mentir y engañar por eso. Motivación torcida, pero motivación al fin.

 El segundo grupo es el de los engañados. Aquellos a los que se les han prometido cosas que jamás se les cumplirá o, en el mejor de los casos, se les dará un premio barato y efímero. Los acarreados, los compradores de espejos, los ignorantes.

 El tercer grupo es el de los flojos y miedosos. Éstos prefieren votar por malo conocido que por nuevo por conocer. Dije “nuevo” y no “bueno”, porque en eso consiste su miedo: “¿Y si el nuevo sale peor? ¡Mejor nos quedamos con el conocido, aunque ya sepamos que es malo!”. Les da flojera pensar, leer, analizar, trabajar, emprender, luchar, cambiar, construir. Prefieren quedarse igual, como están. Éstos merecen estar igual. Voy a incluir en este grupo a gente que no puedo llamar floja o perezosa, pero conocieron los horrores de la guerra y tenían miedo a volver, por lo que consideraban al PRI como un mal necesario ¡Cómo cambian los tiempos!

 Tal vez exista. ¡Seguramente existe! Pero no logro imaginar ningún otro grupo. No imagino personas inteligentes, pensantes, informadas, que decidan votar por el PRI si pertenecer a este último grupo o al primero.

 El PAN es diferente. El PAN no es el PRI; no podría. El PAN nació con valores, principios y doctrina. Se presentó como la voz sensata de los ciudadanos ante el dictador y, a pesar de los engaños del PRI, de  presentarlo como un partido de la burguesía, logró suficientes adeptos y simpatizantes para derrocar al dictador y tomar posesión del gobierno. En el caso de Nuevo León, el PAN representó la expectativa democrática y se convirtió en el único partido de oposición en reemplazar al PRI en el poder político. Sin embargo, bastaron un periodo gubernamental y dos o tres municipales, para que la expectativa decayera al grado de perderse la esperanza de un cambio hacia la democracia. El PAN sólo había sustituido a las personas que se enriquecerían a costa de los recursos del pueblo. Tal vez fue más eficiente en algunos procesos, pero su dirigencia, -la aristocracia del partido-, nunca mostró verdadera voluntad política para ceder el poder a los ciudadanos. El PAN no es el PRI; ¡Es mucho peor!, porque acabó con la esperanza democrática de un pueblo. Antes no había duda de que el PAN se oponía al partido en el poder; ahora la gente ve a los candidatos de ambos partidos y no sabe por quién votar. “No hay a quién irle”, dicen.

 Alguien me comentaba que estos partidos son como luchadores de “lucha libre” mexicana: Arriba del ring hacen como que se pelean y se dicen hasta de qué se van a morir. Al bajarse del ring, se van abrazados a cenar y a tomar como compadres.

 Los crímenes del PRI son materiales; los del PAN, son de lesa humanidad, porque ha traído desesperanza a todo un pueblo.

¿Quién votará por el PAN ahora?

1.       Los miembros del partido en lo personal o por un familiar.

2.       Los tradicionalistas. Los que se acostumbraron a votar por ese emblema, y esos colores.

3.       Los que votan por quien siguen considerando el menos malo, el que va a robar menos que los demás.

Yo nunca dije que el PAN era igual al PRI, pero sí se complementan, son socios. A fin de cuentas, las dirigencias de éstos y otros partidos políticos son la aristocracia que gobierna al país y a cada estado.

 

El futuro

Estamos por completar un siglo de partidocracia. El sistema está desgastado y corrupto; huele a putrefacción. Es hora de cambiar.

No me refiero a cambiar de partido, sino a cambiar de sistema. Es hora de volver a intentar la democracia; de hacer otra revolución.

La historia nos ha enseñado muchas cosas, algunas pocas de ellas son:

1.       Los levantamientos armados, con arma blanca o de fuego para hacer daño físico, no sirven para nada. Provocan gran cantidad de daño, destrucción y muerte, para que al final todo siga igual; si acaso, con otros nombres. Siempre que sea posible, es preferible optar por caminos dentro de la legalidad

2.       Los caudillos no son suficientes. Son seres humanos, efímeros. En el mejor de los casos, sus logros morirán con ellos y el pueblo volverá a ser esclavo.

3.       Las instituciones políticas ayudan a limitar a los caudillos, pero no son suficientes y deben ser revisadas y actualizadas periódicamente, para evitan su deterioro.

4.       Los partidos políticos no son la solución y en estos tiempos, son parte importante del problema. No se trata de que un partido político proponga y efectivamente lleve a cabo acciones para una mejora en la vida ciudadana; sino que las dirigencias de todos ellos son parte de la oligarquía  que desea gobernar y vivir a expensas de un pueblo lastimado.

5.       Nunca los partidos legislarán a favor de los ciudadanos y en contra de sus intereses, así sean los más mezquinos. Esto significa que nunca habrá leyes de real participación ciudadana; ni comisiones ciudadanas verdaderamente ajenas a los partidos, que auditen y fiscalicen el trabajo de los funcionarios. A menos que encontremos la manera de colar ciudadanos apartidistas en el congreso.

 

Con éstas y más cosas aprendidas podemos tomar algunas decisiones, por ejemplo:

Podemos NO tomar acción. Lo que equivale a aceptar que viviremos como otros, -unos cuantos-, decidan, y trabajaremos arduamente para brindarles riquezas y lujos. Es decir, la esclavitud laboral y un indigno nivel de vida.

 Podemos intentar algo a favor de nuestra dignidad,  la democracia y un mejor nivel de vida. Las estrategias varían. Actualmente existe un fuerte movimiento que apuesta por la estrategia de “no seguir el juego” a los partidos; lo que en la práctica se traduce (y reduce) a no votar, ya sea por abstinencia o anulación. Lo malo de esta estrategia es que produce resultados contrarios a los deseados. Las razones de esta consecuencia son (1) que reduce el voto efectivo, con lo que aumenta el porcentaje de votos recibido por los partidos, de modo que más partidos consiguen y conservan su registro como partido político mantenido por el pueblo. (2) Las personas atraídas por esta estrategia son personas pensantes, preocupadas por la situación y dispuestas a hacer algo por cambiarla. Evidentemente no son las personas que votarían por los partidos por las razones antes enumeradas, sino los que votarían en contra. Así que favorece a los malos y peores. Además, (3) al no votar dejan en el gobierno a quienes no harán los cambios.

Otra estrategia es seguir el camino opuesto; es decir, en lugar de abstenerse, votar. Salir a votar en masa; saturar de votos las urnas; meter tantos votos que no dejen lugar a dudas de que a los ciudadanos apartidistas, sí nos interesa participar en las decisiones. En lugar de ir a anular el voto, ir a hacerlo valer, votando por candidatos ciudadanos que propongan y aprueben leyes de participación ciudadana y que creen instancias ciudadanas de auditoría y fiscalización.

 En la mañana del día que escribo esto, alguien me comentaba de sus dudas el votar por el candidato a la gubernatura del estado, “por el tipo de leyes que haría”. Todo mundo se centra en el presidente o en el gobernador,pero parece olvidársenos que las leyes se hace en el congreso, por los diputados.

La estrategia entonces, es no votar por los partidos, ni siquiera por las personas, sino por los proyectos ciudadanos y su posibilidad de éxito.

No puedo negar que me encuentro entusiasmado por la posibilidad de hacer historia en estas elecciones. La participación ciudadana ya está haciendo historia al firmar una demanda contra el gobernador. Ya existen los primeros candidatos ciudadanos y se puede seguir haciendo historia con los primeros diputados ciudadanos y los proyectos verdaderamente ciudadanos que puedan surgir.

Las posibilidades son excitantes. Dignificantes. No puedo menos que invitarlos a pensarlo y a unirse a la revolución.

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