Las personas de la disidencia no deberíamos salir del closet sino simplemente descubrir nuestra sexualidad como descubres que eres zurdo o diestro, que te gusta la vainilla y detestas la fresa; y no debido a la heterosexualidad obligatoria como hegemonía de la norma, de lo “normal”, de lo “correcto”, de lo sano, de lo natural. Las personas de la disidencia sexual no elegimos nuestra orientación sexual, la descubrimos; y la descubrimos con mucho dolor, con miedo, incertidumbre y desconcierto. Pero es muy importante asumirlo plenamente para ir poco a poco cuestionando los sistemas de opresión dominantes.

Si nos quedamos calladas estamos contribuyendo a la violencia. Necesitamos concienciar para que las personas disidentes sexuales que somos millones  dejemos de ser burladas, ridiculizadas, excluidas, torturas y asesinadas por ser quienes somos; pero este cambio tiene que ir más allá de respetar los Derechos Básicos; esto no solo requiere cambios legislativos y normativos; también hace falta cambiar la forma de pensar y sentir de la gente; al igual que la lucha contra el racismo, la lucha por los Derechos Iguales de las mujeres, ganar la lucha por la Igualdad de las personas LGBTTI solo será posible si nos unimos, si nos pronunciamos, y si actuamos en defensa de los Derechos de otras. Ahora es el momento de hacerlo, juntas podemos detener la violencia y la discriminación contra las personas LGBTTI. Juntos podemos construir un mundo en donde seamos libres e iguales en Dignidad y Derechos.

Como dice mi querido amigo Ronald Céspedes sobre la tolerancia. Al respecto considero que la tolerancia es un discurso que encubre la minusvaloración e inferioridad de la dignidad de las personas y por tanto es hipócrita y parte de una tradición irreverente de la diplomacia hacia lo políticamente correcto, en desmedro de una respetuosa y efectiva convivencia. No estamos buscando tolerancia, buscamos respeto y reconocimiento en nuestra dignidad. Buscamos ser reconocidos plenamente como personas con iguales derechos.

Todos los días muchas niñas, niños y jóvenes sufren la burla, el rechazo por no pertenecer al sistema de la heterosexualidad obligatoria, minan su condición humana, y lacera su autoestima, muchas comienzan a sentir odio hacia ellas mismas, y atentarán contra su propia vida, se avergonzarán de ella. Yo creo, que podemos construir un Chiapas que se enriquezca de su diversidad y no que la rechace. Un Chiapas con más colores que el de la sangre y la miseria, en la que nazcan niñas y niños “diferentes” y que no les corten las alas como a nosotras, construir poco a poco y a empujones como todo lo que cuesta, una sociedad más respetuosa de los Derechos Humanos, comenzar con las amigas, compañeros, en la calle, el trabajo, la escuela, todos los días y desde cualquier trinchera ¿qué dicen, nos embarcamos en este sueño loco?

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