“La devaluación del peso está resultando ser un mecanismo muy eficiente para reducir la pobreza”, me espetó Sócrates Rizzo García justo al terminar la inauguración del Seminario Internacional sobre Pobreza Urbana, evento presidido por la entonces Secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles Berlanga.

El exgobernador Rizzo es un hombre de academia. Detrás de esa fachada de político se encuentra un avezado investigador de profundas opiniones e inteligentes propuestas con quien disfruto intercambiar ideas sobre la materia que a ambos nos apasiona: la Economía.

Por esa razón, aunque el comentario me tomó por sorpresa, no me fue del todo ajeno. Y al notar mi cara de interrogación manifestada por mi ceño fruncido, Don Sócrates abundó: “Las remesas, Delegado; las remesas”.

Las remesas, los dólares que nuestros paisanos en Estados Unidos envían a sus familiares, efectivamente son, junto con la inversión extranjera directa, el turismo y los ingresos por exportación de petróleo, las principales fuentes de divisas en México. Pero a diferencia de éstas últimas, van directo a los bolsillos de las familias más vulnerables.

El último dato publicado sobre el Índice de Precios da cuenta de la menor inflación histórica en México. Y he aquí la paradoja: Mientras esto siga así, la depreciación del tipo de cambio seguirá ayudando a incrementar sustancialmente el ingreso de los hogares más pobres.

Cerca de 24 mil millones de dólares se sumaron a nuestra economía el año pasado por concepto de remesas. Según las proyecciones, el 2015 cerrará con un incremento del 4%. Si le sumamos la devaluación de la moneda, este año las familias receptoras de las divisas recibirán alrededor de 80 mil millones de pesos adicionales para gastar en bienes y servicios que, prácticamente, siguen costando lo mismo.

Cierto es que la pobreza es un problema multifactorial cuya solución va más allá de un incremento temporal en los ingresos; mucho dependerá en qué se inviertan esos recursos. Pero que será una gran ayuda para combatir el implacable flagelo de la pobreza, eso ni duda.

En Economía ni todo es completamente bueno ni todo es totalmente malo. Son raros los blancos o los negros. Más bien es la gran diversidad de tonalidades lo que convierte a la economía en una ciencia colorida y atractiva, que despierta pasiones y cautiva corazones, como el del exgobernador Rizzo y el de quien esto escribe.

No hay comentarios