Varios máximos históricos acumula el tipo de cambio en las últimas semanas. Esto no debiera asombrarnos, pues a lo largo de nuestra historia económica reciente la depreciación constante del peso con respecto al dólar ha sido la norma. Sin embargo, en esta ocasión es diferente: no es el peso el que se deprecia, sino el dólar el que se aprecia contra nuestra moneda y la mayoría de las divisas del planeta.

Aunque las causas y aproximaciones son diferentes, los efectos son los mismos: las exportaciones mexicanas se impulsan mientras las importaciones se encarecen, muchas de ellas proveedoras de insumos a nuestra cadena productiva, generando un riesgo inflacionario.

Diversas son las razones de la apreciación del billete verde. Alguna internas, como la solidez de la economía norteamericana, su independencia energética, la rentabilidad de sus bonos o su política monetaria; otras externas, como la crisis griega o la desaceleración asiática. Pero la principal, la que realmente está motivando la adquisición del dólar y el retorno de los capitales a Norteamérica, es el amago del incremento de su tipo de interés.

“Bueno”, se preguntan muchos, “si ese es el motivo de la especulación cambiaria, ¿por qué no subimos nosotros la tasa?” No es así de sencillo. Un incremento en las tasas de interés de un país fortalece su moneda al atraer capitales en busca de rendimiento; es decir, para invertir en México se tendrían que comprar pesos, aumentando así la demanda por ellos y su apreciación con respecto al dólar.

Pero no es el único efecto. Si sube el interés los inversionistas posponen sus proyectos productivos al percibir que la banca les ofrece un mejor rendimiento libre de riesgo; el consumo se reduce, ya sea por un mayor costo en las tarjetas de crédito o por destinar una mayor parte del ingreso al ahorro, y la consecuencia de esta brusca frenada de la economía es el indeseable desempleo.

La Fed continúa con su postura misteriosa. De sus mensajes se infiere la certidumbre del alza. El problema es que no sabemos cuándo. Algunas voces mexicanas acreditadas en la materia se han pronunciado por adelantarnos y subir nosotros las tasas primero. El Gobernador del Banco de México ya dio cabida a esta posibilidad.

El principal riesgo de una devaluación es la inflación, hidra que Banxico debe decapitar. Por ello infiero que su anuncio, más que abrir una posibilidad, adelanta un hecho. Ojala así sea. Incrementar en medio punto la tasa de referencia difícilmente cambiará radicalmente las posturas de los agentes económicos. En cambio, sí enviaría un mensaje correcto a los mercados.