La euforia patriotera, acentuada por una segunda indigestión y por la tranquilidad de conciencia de algunos por la supresión de la  “ley seca”, nos hace sentir en las venas la música de José Alfredo, el Himno y el grito ¡Viva México!

Pero la patria es, tiene que ser, mucho más que noche libre o pretexto para no trabajar.  Si no fuera por ella, por el suelo en el que crece la milpa, en el que cimentamos infraestructura y con el que se mezclan los restos mortales de nuestros abuelos, no tendríamos lo que tenemos, no seríamos quienes somos, no habría lazo que nos identificase. Ciertamente la patria nos da y a veces nos quita, pero permanece como un resquicio último de origen, de valores.

Que queda sino la patria, al final de cualquier día en que nos entregamos infatigables a batallas interminables con las armas modernas de la informática, el papel y la tinta.  Que queda sino la patria, al ver llagas en nuestras manos por empuñar el pico, el mazo o el cincel y diariamente realizar una obra perenne.  Que queda sino la patria, cuando nuestros dedos realizan trazos soberbios en un lienzo que descubre a cada pincelada una obra magnífica de nombre Rivera, Velasco o Sequeiros.  Que queda sino la patria, al llegar a casa con la satisfacción del deber cumplido y esos seres maravillosos nos llaman papito o mamita.

Que queda sino la patria, cuando libremente podemos recorrer sus senderos regocijados con atardeceres que en sus paisajes ricos y variados se exacerban como un poema delicioso; cuando podemos apreciar copiosos lenguajes y costumbres, en hermanos de Mérida, San Cristóbal, la costa, el centro y el norte; cuando con rabia nos oponemos a que la miseria se generalice y la inequidad sea parte de nuestra vida.

Que queda sino la patria, cuando tenemos derecho ganado de leer a Gutiérrez Nájera, Nervo, López Velarde o Sabines, con la compañía sublime de Guty Cárdenas, de Revueltas.

Que queda sino la patria, cuando un puñado de tierra es síntesis de la sangre de nuestra gente que se batió con el acero, la pólvora o la pluma para buscar un ideal, conformar una nación, garantizar libertad, proveer porvenir.  Que queda sino la patria, cuando nuestras bibliotecas son inmensas de ideas mexicanas expresadas en líneas eruditas de Paz, Cabrera, Zavala.

Nosotros la hemos destruido, ensuciado, saqueado y prostituido; por ello, a nadie más corresponde redimirla, amarla y respetarla, porque la lucha de hoy será agradecida o maldecida por quienes hereden esta tierra.

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