Ser padre es algo maravilloso

0
2360

Ser padre es algo maravilloso. Con los hijos uno desarrolla habilidades, aprende algunas cosas y practica otras, aprendidas con anterioridad.

Se desarrollan habilidades extraordinarias como la de no dormir y la de hacerlo, pero con un bebé encima. La habilidad de maniobrar con una mano, mientras con la otra cargamos a un bebé, lo mantenemos quieto o le cambiamos los pañales. La habilidad de reír todo el día, a pesar de lo profundo de nuestras broncas; y la de sonreír repentinamente, de oreja a oreja y en medio de una reunión de trabajo, cuando recordamos la carita o el nuevo logro de nuestro(a) hija(o). Desarrollamos habilidades de liderazgo, de coaches y de porristas. Nos fortalecemos tanto y desarrollamos tantas habilidades, que prácticamente nos convertimos en superhéroes…, al menos desde sus pequeños ojos y aunque sea por un ratito.

En cuanto al aprendizaje, no sólo aprendimos canciones de Barney, conocimos a “Baby Mozart”, Pocoyo, Callou, Pucca, Arnold, Dora la exploradora y, por supuesto, a Phineas y Ferb, entre otros; también conocimos nuevos juegos de video, de mesa y de parque o jardín. Aprendimos actuación al interpretar los personajes de los cuentos e historias infantiles. Descubrimos que tenemos ego, al ver a nuestros hij@s moverse con nuestros gestos y oírlos repetir nuestras expresiones, como nosotros repetimos las de nuestros padres. En su mirada conocimos la inocencia, en sus besos la ternura y en sus abrazos el cariño. Desarrollamos autoestima cada vez que nos llaman “papá”. Pero sobretodo ese aprendizaje, gracias a los hijos somos conscientes de nuestras innumerables y muy humanas limitaciones, y comprendemos mejor a nuestro propio padre.

Por último, los hijos nos permiten actuar como hijos de Dios. Esto porque ellos automáticamente se apuntan como voluntarios para que con ellos practiquemos a imitar al Padre. No sólo por la creación de vida sino, principalmente, por el amor. Con los hijos practicamos y entendemos un poquito mejor (aunque sea “como por medio de un espejo”) ese amor infinito y eterno, que todo lo perdona y todo lo soporta. Ese amor incondicional y gratuito, que no puede ser ganado ni perdido, porque no depende de lo que ellos hagan. Ese amor de Dios, el verdadero amor. Es cierto que este amor no lo aprendimos ni lo conocimos con ellos, como es claro que tampoco lo experimentamos con ellos por primera vez, pero nos dan la oportunidad de ponerlo en práctica. Gracias Dios, por las bendiciones que nos das en los hijos.

¡Ah!, y también nos dan la oportunidad de entregarnos: de cuidarlos y protegerlos, de dedicarnos a su bienestar y porvenir, al menos por el tiempo en que estén con nosotros. Tampoco esto lo conocimos con ellos, pero los hijos nos dan esta maravillosa oportunidad de multiplicar la experiencia de amor, cuidado y dedicación que los padres tenemos con la madre de nuestros hijos, a quien amamos y nos dedicamos incondicionalmente, sin que tenga nuestros genes. Tal vez este sea el día del padre, pero cada día es el día de la esposa, sin quien no seríamos padres.

Ser padre es una experiencia maravillosa. Gracias esposa mía, por darme la oportunidad de vivirla, y gracias por enriquecer esa experiencia cada día. Te amo infinita, eterna e incondicionalmente.

No hay comentarios