Rosario Robles, titular de Desarrollo Social, está empeñada en romper la lógica y los mitos. Plantea que es momento de “democratizar la productividad”, para que “los pobres no sólo vivan de subsidios”.

Para la funcionaria, atender la pobreza en la que viven poco más de 55 millones de mexicanos es un gran desafío, “peca de ignorancia” quien considere que sólo corresponde a Sedesol, es una labor para el Estado mexicano, un esfuerzo intersecretarial. Es una tarea que no tiene color partidario, ni se puede politizar.

Rechaza, por ello, que haya un manejo político de padrones de beneficiarios de los programas y, como prueba, asegura que nadie ha establecido una denuncia en su contra ni de la dependencia. Robles reconoce que “falta mucho” por hacer. El gran reto es la pobreza urbana, que es al mismo tiempo “muy dolorosa porque confronta y habla de la desigualdad”, donde viven 60% de los pobres.

Acepta que la asignatura pendiente es atender a los jóvenes que ante la falta de oportunidades “los estamos condenando” a que acepten poner en riesgo su vida. Adelanta que el próximo año la Sedesol no cortará sus programas sociales, y ante el escenario económico, con un presupuesto base cero, recortarán su burocracia. “Nos estamos cortando la mano”.

Desde ahora compromete que al final de la administración en el país no habrá mexicanos en condición de pobreza extrema alimentaria, que se habrán atendido las carencias de 7.1 millones de personas que están en esa condición.

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