No lo puedo negar, en un principio me omitía la idea de ver “Spy: una espía despistada” porque su anterior película comica “The Heat” con Sandra Bullok no sólo me aburrió si no que ¡me pareció una pérdida de tiempo total! Pero creo que todos merecen una segunda oportunidad y, después de leer varias entrevistas realizadas al director Paul Feig y reconocer que me encanta ver a Jason Statham y Jude Law opté por ver el nuevo trabajo de Melissa McCarthy y ¡qué sorpresa!

La historia está centrada en Susan Cooper (Melissa McCarthy), una analista de la CIA confinada a su escritorio, pero cuando su socio (Jude Law) desaparece de la faz de la tierra y otro agente (Jason Statham) está comprometido en otra misión, se ofrece como voluntaria para infiltrarse de lleno en el mundo de un traficante de armas letal, y evitar un desastre mundial.

Los grandes la respaldan

Desde los primeros minutos la risa ante ciertos absurdos y ante el timing de esta actriz para la comedia hacen que el espectador se deje llevar de la mano por la serie de aventuras que tiene que enfrentar esa mujer inexperta en el campo de los agentes secretos. El guión, plagado de momentos absurdos y ridiculización de ciertos personajes, hace que el espectador pase cerca de dos horas en risas constantes.

Es real, esta película cómica tiene los mejores duelos actorales que podrán encontrar en un filme que no pretende más que divertir. La actriz británica Miranda Hart interpreta a la mejor amiga de Susan Cooper (personaje de McCarthy) y es tal la química que realizan es tal que ambas se llevan las palmas y se antoja verlas como pareja cómica en futuros proyectos cinematográficos. Por otro lado está la australiana Rose Byrne, quién regresa bajo las ordenes de Feig para hacernos reír con su modo tan peculiar de hacer comedia (recordarla también en “Damas en Guerra”) ahora se impone como la antagónica de la historia, que con sus berrinches, a lo largo de la trama, se convierte en un personaje de gran soporte dentro del filme

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