¿Te has preguntado alguna vez sobre la posibilidad de conocer a tu autor favorito? Cada individuo determina un valor emocional a los hombres que con sus letras, documentan la historia, la cultura, los sentimientos, las emociones, la ciencia, y un sin número de variables testimonio de la humanidad.

Sin duda el trabajo que desempeñan repercute en los lectores, asiduos seguidores, fanáticos o simplemente interesados en la gran variedad de estilos y técnicas que tienen como fin la transmisión de ideas documentadas.

Sea la suerte, la casualidad o el destino, en días pasados tuve la oportunidad de encontrarme con el autor de un libro. Adoptar una posición clara al respecto fue una tarea casi agobiante. Las emociones se desbordan, y enmudecer no fue una casualidad: el acto tramposo de pillar una dedicatoria es una experiencia que ansiaba desde el momento en que concretamos la cita.

Por fin tenía la ocasión de observarle tan de cerca y  ponerle voz de frente a sus palabras. De principio a fin la esencia misma de la sencillez que emana de su persona hizo de la conversación un momento ameno y bastante memorable. Yo no tenía idea de lo que debía decir fuera de los asuntos que nos convocaron; hablar de cuestiones enteramente personales dio como resultado una serie de complejos matices, que divergen entre hablar con el escritor y el hombre que hace de sus memorias un centenar de hojitas de papel que reflejan la auténtica pasión por las letras.

“Somos libro abierto para unos y el más indescifrable para otros”.

Innegable es pues el papel sentimental de este cuadernillo, la maravillosa generosidad del autor. Cuando se esfumó entre el gentío dejó un fantasma aguardando por ser descubierto en sus próximas letras.