El eterno volver a escribir de la mano de Chang

0
1704

“Piensen que pueden prescindir de todo lo que tienen escrito hasta el momento”. Julio Villanueva Chang, editor y creador de la revista Etiqueta Negra, estaba finalizando un taller sobre crónicas en Córdoba. Nosotros éramos quince cronistas argentinos –cinco representando a Capital Federal, cinco a Rosario, cinco a Córdoba- que habíamos accedido al ciclo Estados Alterados, organizado por el Centro Cultural España. Quince periodistas que nos habíamos encerrado a leer durante una semana casi diez horas diarias y que no escribimos ni una línea. El taller de Julio fue un taller de lectura, un taller de reflexión y de provocación. Nada de lo escrito hasta el momento podía ser relevante. O, al menos, el taller nos empujaba a pensar en nuestras propias limitaciones.

En mi caso, yo tenía poco material publicable. Hacía sólo un año que había comenzado a escribir en la revista Rosario Express en una sección que combinaba comunicación, tecnología y cultura, tenía algunos cuentos en mi haber y un puñado de textos breves publicados en diferentes medios nacionales. Pero lo que Julio nos quiso decir fue más allá del desprendimiento de los papeles del pasado. Desde esa semana del 2010 en adelante nos deberíamos hacer cargo de lo que produjéramos. La creatividad narrativa, la exigencia y el rigor en la corroboración de los datos, la búsqueda apasionada por una historia original. ¿De qué trata tu historia? Y ese taller fue una bisagra. Un antes y un después. Fue un rito iniciático.

Lo que aquella vez Julio tal vez no supo es que yo soy un especialista en tirar textos a la basura. Durante diez años escribí para que no me leyera nadie. Fue una práctica íntima, un ejercicio en soledad. Diez años escribiendo guiones para crónicas audiovisuales, acciones que ejecutaban los protagonistas, palabras de entrevistados sustentadas en la investigación que luego alguien decía, descripción de atmósferas y de silencios de territorios por conocer, relatos que verbalizaban otros narradores.

El guión como principio de un proceso visual y no como el fin de un proceso literario. El inexorable camino de ese conjunto de papeles, una vez convertidos en una producción audiovisual, es el tacho de basuras. Y los guionistas andamos reclutando ideas, pensando en grandes frases para personajes elaborados, escenas, secuencias, planos, fetiches y silencios. La mente del escritor de guiones es como un caleidoscopio racional. La imaginación vuela hasta límites inéditos pero siempre contenida en una estructura. Las palabras son rayones, flechas que conducen a otro lenguaje. Como psicoanalista de los personajes, los guionistas los llevamos al diván. Los observamos, los entendemos y hasta los increpamos. El insumo del escritor viene de los sueños, los deseos, los miedos, las señas particulares, el pasado, la vida privada, las relaciones y las represiones de los personajes. Ellos se mueven con una lógica que viene de la física: ante una determinada acción, una determinada reacción. Y así, podemos seguir.

Durante diez años (2003-2013) escribí y dirigí varias crónicas audiovisuales. Narrar como experiencia y como búsqueda: la de revalorizar culturas hiperlocales, colocar en primer plano historias próximas, sencillas y a las vez trascendentes y universales.

Luego de este camino de papeles arrojados al cesto de basura, entrecruzado por la docencia, el reporterismo televisivo y las nuevas tecnologías que ya no son tan nuevas pensé en la posibilidad de agrupar una serie de crónicas que comenzaron a escribirse luego del taller con Villanueva Chang. Relatos que vieron la luz en La Nación, Club de Fun, Replicante de México y Yorokobu de España. Aunque ahora, lo dudo. Porque hoy, cinco años después, acabamos otro taller con Julio. Y tal vez poco hemos aplicado sobre lo aprendido.

Antes de dormir, esta noche, de vuelta en casa comprendemos que Julio nuevamente nos ha hecho crack. Y ya no volveremos a ser los mismos.

Al menos, hasta el próximo taller.

(*) Julio Villanueva Chang dictó el Taller de Perfiles ‘De Cerca Nadie Es Normal’, en el Complejo Cultural Agüero, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Compartir
Artículo anteriorSí, renuncio
Artículo siguienteDe nuevo, fuerte sismo en Nepal
Periodista argentino. Especialista en Comunicación Digital, Universidad Nacional de Rosario. Escribe y dirige el ciclo de crónicas audiovisuales Sustancias Elementales y dirige el proyecto digital Crónica Z (www.cronicaz.com.ar). Fue finalista de los premios CEMEX-FNPI en 2007.

No hay comentarios