Tenía 22 años -hace 13 de ello- y lo recuerdo como si fuera ayer. Recostado en una habitación del CIREN en La Habana, veía en uno de los múltiples noticiarios televisivos la reseña sobre las actividades del día en la Feria del Libro de la ciudad (febrero del 2002). Entre las notas destacadas se encontraba la visita al Morro de un renombrado escritor uruguayo… y desconocido por mí hasta ese momento: Eduardo Galeano.

Lo que me hizo clavar la atención en el extracto en el que apareció fue escucharlo expresarse de la revolución cubana, prestando oído justo a tiempo para aprehender unas palabras que me han acompañado desde entonces y que encuentro tan llenas de significado al punto de desear sean parafraseadas para incluirse en mi epitafio:

Esta revolución, castigada, bloqueada, calumniada, ha hecho bastante menos de lo que quería pero mucho más de lo que podía.

La intención de este escrito es rendirle un humilde homenaje al hombre, al ejemplo, al impulsor en muchos de la necesidad de no renunciar a las utopías, al maestro, al fructífero talento latinoamericano que con su prosa y sabiduría -o viceversa- iluminó el camino de tantos que como él nos hemos animado a tomar una pluma (o un teclado, para el caso es lo mismo) para expresarnos, deambulando por la delgada línea que implica trascender o fracasar, porque -dicho también por él- no se trata de escribir por escribir, sino escribir palabras que quieran ser mejores que el silencio.

Siendo así, prefiero ahora callar y guardar unos minutos en su memoria.