El día que la Bossa-Nova se vistió de Nueva York

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(Este artículo fue escrito y publicado originalmente en enero de 2005)

Entre Enero y Febrero de 1959, hace casi medio siglo , el cantante y compositor brasileiro Antonio Carlos Jobim y el guitarrista de entonces 27 años de edad, Joao Gilberto grabaron en un tono lúdico temas con un estilo diferente, de este material resulta un acetato que a la postre Jobim decidió apadrinar escribiendo una firma en el reverso de la portada, el mensaje en el pequeño espacio del disco de 45 rpm, saludaba con unas palabras cual sortilegio, al joven guitarrista: João Gilberto: “Es un bahiano bossanova de 27 años”. Así nació una de las voces más dulces de la expresión musical latina, de las aportaciones del Brasil para el mundo, una de las más importantes: La Bossa Nova.

Aunque esta no es la primera ocasión en que se registra la palabra Bossa Nova, (Bossa Nova es femenino, por eso escribimos: La Bossa Nova, Samba es masculino y por eso decimos: El Samba), los músicos cariocas la utilizaban desde antes para nombrar el estilo de cada movimiento, el mensaje de Jobim, (conocido como el padre de la “Bossa”) escrito al reverso de un disco tan significativo es lo que se podría advertir, desató la revolución musical más excitante del idioma portugués-brasileiro en los últimos tiempos.

El dato despierta la curiosidad y la memoria, en México el rastro de la Bossa Nova es muy pobre, aunque desde el punto de vista musical la riqueza armónica de esta corriente brindó matices nuevos en la música popular, es lamentable dar cuenta que la figura de Jobim como de la Bossa es prácticamente desconocida en nuestras tierras.

Si acaso forzamos nuestras referencias y damos con la infaltable “Garota de Ipanema”, como uno de los símbolos más clásicos de esta hermosa música, la figura musical más conocida en nuestro país es sin duda el cantante Roberto Carlos, ni siquiera Caetano Veloso o Gal Costa, las referencias hacia la raíz del movimiento en la música impulsada por las discográficas como música popular del Brasil en la época son verdaderamente cortas y no aportan justicia si tomamos en cuenta que la música de Roberto Carlos es una corriente derivada del matiz popular de la Bossa, una corriente quizá de las más comerciales excesivamente adornada de cursilería y recursos fáciles de digerir por la gran masa.

Pero antes de los juicios pongamos orden: En los 60 la Bossa significó un movimiento revitalizador de la lírica latina, una mezcla de samba, jazz y ritmos africanos propios de la cultura brasileira cubiertos del preciado tamiz que regala el idioma portugués, y claro la poesía. Y no es decir poesía, como cualquier otra, la poesía de la Bossa es especial y única, llena de ritmo y sensualidad, con la poesía nos encontramos con poetas como Vinicius de Moraes o Toquinho en sus máximos exponentes.

Es cierto que las distancias entre la cultura latina hispano parlante en la que se incluye México, es muy grande para con la de los hablantes del idioma portugués brasileiro, fácil se recuerda que no es sino hasta con la incursión de la televisión en los años 80, y propiamente de las telenovelas brasileiras, (Tieta basada en la novela Tieta do Agreste de Jorge Amado, por ejemplo), es que nos acercamos un poco a la visión cultural del Brasil, pareciera que es un país extranjero en un continente cercado por sus diferencias culturales, sociales y políticas, pero abrazado por el vínculo lingüístico.

Así caemos con la figura de los padres de la Bossa Nova, el cantante Antonio Carlos Jobim, el poeta Vinicius de Moraes, el guitarrista Joao Gilberto quienes lograron poner en alta cumbre su movimiento y su visión, cual el mundo entero fuera una bahía hermosa.

La grandilocuencia de la época, que permitía además entramados de escándalo y fama con sus grandes personajes, insertó a la Bossa Nova en una moda cultural que permitió a sus artistas convivir con iconos de la cultura norteamericana, tal el caso de Frank Sinatra, quien se dio el lujo de grabar un disco acompañado de Antonio Carlos Jobim, con las canciones clásicas del compositor carioca, traducidos al inglés, así escuchamos La garota de Ipanema(The girl from Ipanema), O amor en paz (Once I loved) entre otras en el idioma de Sinatra, con su estilo característico y gran desenvolvimiento de gánster clásico.

Luego de la Bossa, vinieron otros movimientos más sociales y contestatarios como el tropicalismo o “La joven Guardia”. Brasil también es la historia de sus dictaduras, en los años 70 la Bossa, la Tropicalia, el samba y la música nordestina tuvieron un rol único librando batallas en contra de la censura, la represión política del Estado militar se ensañó con figuras como Chico Buarque, Caetano Veloso, Geraldo Vandré, Gonzaguinha, Taiguara, João Bosco, MPB-4, Beth Carvalho y muchos otros que ahora forman parte de la trágica historia musical en países como los de nuestra América Latina.

A los que amamos la Bossa Nova, nos da gusto recordar la figura de Jobim cantando Garota de Ipanema, escuchar su voz recitar líneas de Vinicious y con el tiempo exacto para el acorde sincopado de la guitarra de Joao Gilberto, en lo personal no me quedo con las versiones de Sinatra, voy más con un Brasil que no sólo es fútbol, carnaval o chicas en bikini, sí con la certeza de que la Bossa es mejor sin su vestido de Nueva York.

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