Ahora son los multimillonarios estadios del Mundial de fútbol del año pasado que están en la mira de la justicia de Brasil. Ayer, bajo sospechas de corrupción en la licitación y sobrefacturación en las obras del Arena Pernambuco, en Recife, la policía federal allanó oficinas de la constructora Odebrecht, que ya estaba involucrada en el escándalo de sobornos de Petrobras.

En una operación bautizada Fair Play (Juego Limpio), los agentes policiales confiscaron documentos en el propio estadio mundialista, así como en despachos de Odebrecht en San Pablo, Río de Janeiro, Brasilia, Belo Horizonte, Salvador y Recife; no se realizaron detenciones.

Según indicó más tarde el comisario coordinador del operativo, Felipe Barros Leal, las pesquisas apuntan a investigar un fraude en el concurso internacional para la adjudicación de la obra y de sobrecargos por más de 12 millones de dólares en la construcción del Arena Pernambuco, cuyo costo final está estimado en unos 200 millones de dólares.

El fraude en el concurso internacional ya está confirmado“, aseguró Leal, quien explicó que Odebrecht había contado con ventajas en el proceso de licitación, que dio origen a la sociedad público-privada firmada entre el gobierno del norteño estado de Pernambuco y dos brazos del poderoso conglomerado industrial: Odebrecht Inversiones en Infraestructura Ltda. y Odebrecht Servicios de Ingeniería y Construcción SA.

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