Cuando aprendí a hablar mi primera pregunta estructurada fue: ¿cómo le meten las semillas a las naranjas? Mi curiosidad data de 1983. Tengo 31 años y sigo cuestionando.

Estoy por segunda vez en Shenzhen, China. La ocasión anterior, mi trabajo y un “viaje mochilero-espiritual” a principios del 2011 me trajeron aquí.  Soy la business interprete de un chinese men de mediana edad.  Mi tarea es traducir desde las reuniones con business people hasta sus weekends.

De lunes a domingo estamos en la oficina. Elijo el sillón y una little chair para descansar los pies. Mientras él se concentra en el improving del proceso productivo, yo empiezo las mañanas bebiendo chinese green tea para mantenerme hidratada, al tiempo que hablo con Roberto. La globalización me permite amar y trabajar en distintos husos horarios.

Tal vez se trate de una esperanza globalizada. Silvio se ha encargado de darlas y quitarlas a través de las estrofas de sus canciones porque ¿qué se puede hacer con el amor?, ¿qué se puede hacer si es cosa de él? Vaya desaliento. Por suerte podemos cambiar el track  y convencernos por 4 minutos y 12 segundos que algún día triunfará, y cuando suceda ¿a quién acusaremos cuando triunfe el amor?

A propósito de culpas, olvidé mis libros en México y compré bajo el impulso de un random mood la “Rayuela” de Cortázar. El jazz de fondo aunado a la sensación de llevar en el hand bag lo buscado dormirán conmigo en el doceavo piso de un hotel kind of western.

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