Este sábado 23, El Salvador en particular y América Latina en general se vistió de fiesta por la tan esperada beatificación del que hace décadas ya es llamado popularmente San Romero de América. Francisco dijo que si hubiera sido papa antes, Óscar Romero habría sido beatificado hace ya varios años.

San Romero de América fue asesinado en el momento en que levantaba la hostia en plena misa en la capilla de las religiosas del hospital donde vivía, una única y certera bala en el corazón. En la homilía del domingo anterior había expresado una célebre exhortación al Ejército salvadoreño: “En nombre de Dios, les pido, les suplico, les ordeno que cese la represión”. Durante aquella semana se habían registrado más de 100 asesinatos en diversos eventos sin combate.

La postulación de su beatificación empezó en 1990. Cuatro años después llegó a Roma, pero se estancó durante más de diez años debido a la falta de voluntad política por parte de algunos sectores eclesiásticos de derecha, que consideraban a monseñor Romero demasiado ligado con la izquierda. El papa Francisco destrabó el trámite en febrero de este año al proclamar oficialmente a Romero como mártir, asesinado por “odio a la fe”; concepto este último entendido como el odio sistemático a las consecuencias de la fe, por ejemplo, actos de amor en favor de los más necesitados, pese a que muchos de los autores intelectuales de los asesinatos denunciados por monseñor Romero se autodenominaban cristianos.

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