Uno no se cura, sólo se acostumbra

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No sé si es ajo, la humedad o los noodles, pero hoy tuve dolor de cabeza casi todo el día. Mi jefe me dejó plantada, y mientras lo esperaba no deje de pensar que  mi penelopismo sólo había durado una hora. ¿Reducir mis tiempos de espera cuenta como mejoría? Al final del día tuvo el lindo detalle de hacerme sentir Mia Farrow en Alice. Me compró varios sobres con paliativos y las instrucciones fueron two times per day, no more. La mala pronunciación y el misterio de la restricción fueron ganancia. No me volví invisible pero debo confesar que el olor de la sabiduría born in China me reconforta.

Casi las nueve de la noche, el dolor de cabeza se ha ido, ¿el remedio? chinese traditional medicine tipo tea, una palangana de lágrimas y un libro leído. Qué jodidez estar tan cerca del cold y tan lejos de Roberto.

¿Qué se hace un domingo en Shenzhen además de extrañar? Tomar la carretera por dos horas y parar en una tienda familiar, a orillas de la ciudad. El recibimiento fue una tacita de green tea. Adoro la sutileza con la que lo preparan. Fueron varias rondas bien calientes; de un trago las ingerí como quien bebe tequila sin soda. La combinación del calor y el té me dejaron en Modotti mood. En realidad no es China sino la vida misma la que nos ofrece los contrastes que Tina reflejó en algunas de sus fotografías. Para efectos prácticos, podemos pegar un ojo en el window of the world y ver como oscilan los lexus y las bicicletas sombreadas en el mismo circuito.

Ocho de la mañana y mi pelo ya huele a cigarro. Así son mis bienvenidas en los elevadores de cualquier rincón chino. En cambio, el momento favorito llega a las seis de tarde, la hora de la cena. El señor Wang(o) siempre escoge un lugar distinto. Hemos visitado desde los restaurantes más occidentales hasta los más cutres. El must de todo extranjero es pisar lo sitios más underground porque ahí está el “refuego”. Esta noche fueron noodles with pancita de res. Dicho platillo es lo más cercano a spicy mexican food. Se sirve muy caliente. Como corolario: si no te quemas la lengua, no viniste a China. Los fideos van acompañados de palillos y una cuchara oriental. El estilo es alternar un sorbo de caldo y una pizca de pasta. La mano derecha sujeta los palos mientras que la izquierda sostiene el cucharón. El picante se agrega a gusto del cliente.

Cada párrafo lo inicio con un poco de té, como si la acción de tomarlo me trajera las palabras. El vapor de la tetera y su peculiar ruido tienen un aire lustral que me hace mucho bien. Sin embargo, sigo sin encontrar el medio que me palie la extrañación.

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