Este 2020, muchas entidades de protección ambiental lo ven como el año decisivo para establecer la agenda de acción para la próxima década y la tecnología tendrá un rol fundamental en este tema. ¿Cómo? Tecnologías emergentes como Inteligencia Artificial, Internet de las Cosas -IoT- y Blockchain se están propagando con fuerza y parecen mostrar ‘una luz al final del camino’.

Por ejemplo, en Sudáfrica el Internet de las Cosas aparece como una salvación para preservar los rinocerontes. Ese país alberga casi el 70% de los rinocerontes que quedan en el planeta, y cada día, tres son asesinados. Así que, MTN -proveedor africano de telecomunicaciones-, la Universidad de Wageningen y Prodapt, de la mano de IBM, desarrollaron una solución con sensores personalizados que transmiten datos sobre el comportamiento de los animales a la plataforma IoT, prediciendo amenazas y combatiendo la caza furtiva de rinocerontes.

Sin irnos tan lejos, en Argentina se creó Alquid, una app con Inteligencia Artificial -IA- que predice dónde y cuándo aparecerán los denominados “algal bloom”, una problemática a nivel global que afecta a la vida marina. Para usar la app no es necesario tener grandes conocimientos: al tomar una foto, cada persona estará aportando datos a la IA que posee el sistema. Esos datos se unen a otras fuentes de información de la NASA y del Servicio Meteorológico.

Y no dejemos atrás a Blockchain, la tecnología que está revolucionando la agricultura, para hacerla sostenible. La trazabilidad de los productos ya es un hecho en países como Colombia y Brasil, y puede ayudar a la crisis de deforestación, rastreando el camino de madera y la ruta de los alimentos.

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