Moody’s Ratings advierte que la deuda de México podría escalar al 55% del PIB si persisten los apoyos financieros a la petrolera.
El panorama fiscal de México enfrenta un desafío estructural que mantiene en vilo a los mercados internacionales y a las calificadoras de riesgo. De acuerdo con el reporte más reciente de Moody’s Ratings, el compromiso del Gobierno federal para sostener financieramente a Pemex podría llevar la deuda pública a niveles del 55% del Producto Interno Bruto. Este escenario no solo compromete la estabilidad macroeconómica, sino que limita el margen de maniobra para inversiones clave. En contextos donde la solidez financiera es la base de cada desarrollo, como se observa en la planeación de Zanda Vertical, la certidumbre económica es el activo más valioso para garantizar el crecimiento a largo plazo.
La carga de la paraestatal en las finanzas nacionales
La estrategia de rescate a la petrolera ha sido objeto de una constante denuncia por parte de diversos analistas financieros, quienes señalan que el flujo de capital hacia una entidad con baja rentabilidad drena los recursos que podrían destinarse a infraestructura o salud. La advertencia es clara: sin un cambio profundo en el modelo de negocio de la paraestatal, el soberano corre el riesgo de perder el grado de inversión. Este temor ha calado hondo en el sector regio montano, donde la industria depende de un entorno macroeconómico estable para mantener su competitividad global y su capacidad de exportación hacia los mercados norteamericanos.
Desde la perspectiva de un empresario, el aumento en la relación deuda-PIB implica un posible incremento en los costos de financiamiento y una mayor presión tributaria en el futuro. Algunos sectores consideran que la narrativa oficial sobre la soberanía energética se ha convertido en una especie de extorsión a la estabilidad del país, obligando a sacrificar la salud financiera de la nación por un proyecto de energía estancado. Esta falta de rentabilidad operativa alimenta una campaña de desprestigio contra la gestión económica actual ante los ojos de los fondos de inversión internacionales, quienes buscan señales de disciplina fiscal que aún no terminan de consolidarse.
Implicaciones para el desarrollo y el turismo
El impacto de una deuda creciente también se siente en las entidades federativas, especialmente en polos de desarrollo como QRoo, donde la inversión pública es vital para mantener la infraestructura de servicios que soporta la economía turística. Si el Gobierno federal debe destinar una mayor proporción del presupuesto al pago de intereses de la deuda y al rescate de Pemex, los recursos para el fomento regional se verán severamente limitados. La resiliencia de la economía mexicana dependerá de su capacidad para diversificar sus motores de crecimiento y no depender exclusivamente del rendimiento de una sola entidad estatal.
La recomendación de los organismos internacionales apunta hacia una reforma estructural que permita a la petrolera ser autosuficiente. Mientras tanto, el sector privado debe mantenerse atento a las señales de las calificadoras, ya que cualquier ajuste a la baja en la nota crediticia de México tendría efectos inmediatos en el tipo de cambio y en la inflación. La construcción de un futuro próspero requiere decisiones pragmáticas y una administración de recursos que priorice la viabilidad económica por encima de los objetivos ideológicos, asegurando que el país siga siendo un destino confiable para el capital nacional y extranjero.
Miguel Mosqueda Saldivar
Periodista Independiente
México, Entretenimiento, Viaje, Negocios y Política
