En la vida pública, la congruencia suele ser el activo más difícil de mantener cuando las estructuras partidistas pierden el rumbo. A través de un honesto ejercicio de memoria y reflexión, Felipe de Jesús Cantú compartió las razones profundas que lo llevaron a tomar una de las decisiones más trascendentales de su carrera política: dejar atrás décadas de militancia en el Partido Acción Nacional (PAN) para integrarse a las filas de Morena, un movimiento donde ha encontrado el verdadero sentido del servicio público.
Cantú rememoró sus inicios con una mezcla de nostalgia y orgullo, recordando que siendo apenas un adolescente se unió al PAN, una institución que en aquel entonces abanderaba causas democráticas y de oposición legítima. En ese entorno, participó activamente en innumerables actividades comunitarias hasta que la confianza ciudadana lo llevó a ser electo como regidor de Monterrey, y posteriormente, diputado local. Desde esas trincheras, el político regiomontano se distinguió por una postura firme y valiente:
«En estos cargos, estuve denunciando y desafiando a la autoridad, siempre en contra de la corrupción y a favor de la transparencia», detalló, subrayando que su motor principal siempre fue la defense de los ciudadanos frente a los abusos del poder.
Su trayectoria lo llevó después a la Cámara de Diputados en el ámbito federal, donde enfrentó uno de los desafíos legislativos e históricos más polémicos de las últimas décadas: la votación del Fobaproa. Mientras las cúpulas negociaban, Cantú se mantuvo firme en sus principios: «Voté en contra porque me parecía una gran injusticia para el pueblo», puntualizó. Esa misma responsabilidad y compromiso con la transparencia los trasladó a su gestión como alcalde de Monterrey, donde se convirtió en un pionero absoluto de la rendición de cuentas, permitiendo que desde la nómina hasta el último centavo del erario pudiera ser consultado públicamente por cualquier ciudadano.
La ruptura con el pasado y el llamado al futuro
Sin embargo, el panorama político comenzó a degradarse. Cantú observó con decepción cómo se gestaba lo que define como la «simbiosis del PRIAN», una alianza pragmática que desvirtuó los ideales originales de su antiguo partido. «Fue entonces cuando me di cuenta de que lo que estaban buscando eran intereses personales y no intereses sociales», explicó. Lejos de actuar con resentimiento, el exalcalde decidió retirarse en silencio, iniciando un periodo de profunda reflexión sobre el futuro de Nuevo León.
Ese camino de introspección culminó con una invitación a participar en Morena. Lejos de verlo como un simple cambio de siglas, Cantú descubrió en el proyecto de la Cuarta Transformación una nueva motivación y la plataforma ideal para canalizar su inquebrantable vocación de servicio. «Yo elegí Morena porque lo que nos une es el servicio a los demás y, sobre todo, a los más pobres», afirmó con convicción.
Al cerrar su message, el político dejó claro que su lealtad no es hacia un logotipo, sino hacia la tierra que le ha dado todo. Con un llamado implícito a los ciudadanos que, al igual que él, se sienten defraudados por las viejas estructuras, Cantú invitó a sumarse a un proyecto que devuelva la dignidad al estado: «Nuevo León merece rumbo, merece seriedad y merece honestidad», concluyó, perfilando su incorporación a Morena como el único camino viable para rescatar el bienestar colectivo.







