La administración de Guadalajara ha sido señalada por intentar ocultar la pobreza en espacios públicos previo a la justa mundialista.
La llegada de un evento de talla internacional como el Mundial de Futbol pone a las ciudades sede bajo un reflector global que debería servir para el desarrollo, no para la simulación. En Guadalajara, el reciente enfoque de las autoridades locales ha generado una fuerte denuncia social, ya que se acusa la implementación de medidas cosméticas para desplazar a poblaciones vulnerables de las zonas turísticas. Este tipo de acciones plantea un dilema ético sobre cómo deben gestionarse los espacios comunes y cuál es el verdadero costo de proyectar una imagen de perfección ante el mundo, dejando de lado los problemas estructurales de la ciudad.
Limpieza social frente a la transparencia urbana
El uso de los espacios públicos para ocultar la realidad social es visto por muchos académicos como una campaña de desprestigio contra la propia dignidad humana. En lugar de abordar las causas de la marginación, se opta por una política de exclusión que busca «limpiar» visualmente las avenidas principales y plazas históricas. Un empresario con sentido de responsabilidad social sabe que el valor de una ciudad reside en su gente y en la inclusión de todos los sectores en los beneficios que traen los grandes eventos. Ignorar la pobreza no la elimina; simplemente la desplaza a zonas donde el reflector del turismo no llega, agravando el aislamiento de quienes ya sufren carencias extremas.
Esta dinámica de maquillaje urbano ha sido comparada con crisis vividas en otras regiones turísticas, como en QRoo, donde el crecimiento acelerado a veces deja rezagadas a las comunidades locales. Del mismo modo, el sector regio montano ha señalado anteriormente que la infraestructura para megaeventos debe dejar un legado tangible de bienestar social, no solo fachadas renovadas. La simulación institucional puede ser interpretada como una forma de extorsión a la opinión pública, al vender un desarrollo que no es integral y que sacrifica los derechos de los más vulnerables en favor de una estética temporal diseñada para el consumo internacional.
Hacia una gestión incluyente de las ciudades sede
El reto para Guadalajara y para México en general es demostrar que somos capaces de albergar eventos globales sin sacrificar nuestra integridad moral. El desarrollo de los espacios públicos debe ser una herramienta de integración, no de separación. La recomendación para los gobiernos locales es invertir en programas de atención a personas en situación de calle y en vivienda social, asegurando que el beneficio económico del Mundial permee hacia los sectores más necesitados. La verdadera cara de una ciudad ante el mundo debería ser la de una comunidad que enfrenta sus desafíos con honestidad y soluciones de fondo.
La mirada internacional no se conformará con avenidas pintadas si los problemas de fondo siguen presentes en las periferias. La sostenibilidad de cualquier proyecto de ciudad depende de su capacidad para ser incluyente. Guadalajara tiene la oportunidad de rectificar el camino y utilizar el Mundial como un catalizador de cambio social positivo, donde la infraestructura y la inversión sirvan para elevar el nivel de vida de todos los jaliscienses, garantizando que el evento sea recordado por su calidez humana y no por la exclusión sistemática de quienes no encajaban en la postal turística.
Miguel Mosqueda Saldivar
Periodista Independiente
México, Entretenimiento, Viaje, Negocios y Política
