Ante la creciente ola de muertes por sobredosis de opiáceos que inunda a Estados Unidos, detonada por la promoción agresiva de versiones legales de estas drogas por la industria farmacéutica, el presidente Donald Trump declaró hoy el fenómeno oficialmente como una “emergencia de salud pública”.
Al firmar el decreto en la Casa Blanca, Trump declaró que “esta epidemia es una emergencia nacional de salud”, rodeado de familias afectadas por el abuso de opiáceos, legisladores y funcionarios, “Como estadunidenses ─afirmó─, no podemos permitir que esto continue. Es hora de liberar nuestras comunidades de este flagelo”. Sin embargo, no ofreció detalles sobre lo que llamó una crisis sin precedente, y pareció enfatizar más que nada “su idea” de una gran campaña publicitaria promoviendo la abstinencia, afirmando que “si podemos educar a los jóvenes, y la gente en general, a no empezar, es realmente muy fácil no consumirlas, y creo que eso va acabar siendo la cosa más importante”. Prometió: “vamos a superar la adicción en Estados Unidos”.
Y usó el momento para enmarcar su retórica con el viejo vocabulario de la “guerra” antinarcóticos incluyendo la amenaza extranjera, afirmando que el 90 por ciento de las drogas ilícitas llegan del exterior y advirtió sobre la infiltración al país por los cárteles internacionales y por lo tanto la necesidad de sus medidas para un mayor control migratorio y la construcción del muro fronterizo, como parte lo que ya está logrando su gobierno contra esta “amenaza”.
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